Lección 7. Experimentando con el dolor

Aunque muchas sumisas están dispuestas a admitir su condición como tales, a pocas les gusta reconocer su carácter masoquista. El dolor provoca miedo, y éste, la consiguiente conducta de evitación. Sin embargo, casi con total seguridad, cualquier sumisa se ha excitado con fantasías en las que el dolor era una parte de la escena recreada. Creo que el dolor físico es una parte imprescindible de toda relación BDSM, dado que muchas de las prácticas, castigos y actividades sexuales de este tipo de relación  implica alguna u otra forma de inflingirlo Sin lugar a dudas, el  dolor físico es el aspecto que, de entrada, suele ser el más rechazado de las relaciones BDSM. El porqué recibir o dar dolor proporciona placer es algo que sigue siendo un gran misterio. Los neurobiólogos hablan de que el estímulo físico doloroso genera la producción, por el sistema nervioso, de unas sustancias llamadas endorfinas, sustancias que, en un intento de compensar la situación desagradable, producen un estado semejante a la felicidad y placer. Para colmo, el sexo, la agresión y la autodefensa comparten algunos mecanismos neuronales comunes.


Por otra parte, los psicólogos asociacionistas afirmarían que el dolor puede convertirse en un estímulo condicionado apetitivo si va asociado sistemáticamente al disfrute de un intenso placer posterior. Muchas pueden ser las causas, pero carecemos de una explicación definitiva. 

Sea como sea, las personas sadomasoquistas disfrutan produciendo o recibiendo dolor, cuando no las dos cosas a la vez. 


Dos cosas son importantes con respecto al dolor. La primera es que éste tiene un límite, y que, por tanto, debemos aproximarnos a él con cuidado y sentido común. La segunda es que juega un importantísimo papel en la excitación erótica de la pareja, pero nunca debería ser sustituto del propio placer sexual. Si prefieres producir o recibir dolor al placer sexual...empiezas a tener un problema. Si usas el dolor propio o ajeno como embajador del placer erótico...tu conducta, aunque "desviada del bienpensamiento" no debería preocuparte en exceso, siempre que sea en un contexto consensuado y razonable.
Mi opinión personal es que, como regla general,  ninguna práctica BDSM debería producir cambios irreversibles en el cuerpo de la otra persona. Como nunca estuve de acuerdo con los agujeros de las orejas femeninas...tampoco me gusta el piercing. Los cambios corporales irreversibles (tatuajes, piercing etc...) aunque sean aparentemente  inocuos tienen el problema de su irreversibilidad...y las relaciones afectivas humanas son, en principio, reversibles. 
Ni tiene porqué ser tu sumisa para toda la vida por mor de la firma de un contrato de esclavitud, ni tiene porqué ser tu fiel esposa para toda la vida a causa de un matrimonio canónico. Dichos mitos tienen una base ideológica común - reaccionaria, por cierto- que los hechos, empecinados, demuestran que está absolutamente equivocada. Una buena relación de pareja debe basarse en la libertad. Es decir, ni más ni menos que "vivo contigo porque me da la gana". Si te quiere.... ¿para que atarla?. Si no te quiere...¿para qué atarla? ( y no me refiero, naturalmente, al bondage).

El dolor que no disfrutes, aquel que no te cause placer y excitación, es patológico. Nunca sufras, ni física ni emocionalmente, a cambio de nada: tu y tu placer sois lo primero!.